La importancia del ambiente en los masajes relajantes y sensuales

ambiente para un masaje relajante

A la hora de dar un masaje relajante, un masaje erótico o un masaje sensual ya sea entre una pareja o durante un encuentro inesperado, es importante disponer de los materiales adecuados para intensificar las experiencias y conseguir el mejor y más intenso efecto.

Por ello, en esta entrada vamos a tratar los diferentes añadidos y ayudas que podrás utilizar a la hora de dar un masaje.

Para un buen masaje erótico, lo primero, las manos.

Puede parecer algo básico pero también fácil de olvidarse, de perderse en el momento y descubrir como tu pareja pega un salto mientras dice algo como “qué frías tienes las manos”. Esto tiene fácil solución pero es un elemento que introduce tensión, un momento innecesario de brusquedad y que puede ser solucionado antes de suceder.

Así que ya lo sabes, calienta tus manos antes de proceder, especialmente si sueles tener las manos frías, prueba a frotarlas con energía y verás como hay menos sobresaltos.

Como conseguir un buen ambiente para un masaje relajante.

El masaje es todo contacto, es tocar y sentir mientras que a la vez, mientras tú lo haces, tu pareja también siente los estímulos pero englobando todo este conjunto de sensaciones se encuentra el ambiente que os rodea y también es parte de ese estímulo de relajación.

De igual manera que antes nos referíamos a la temperatura de las manos, ahora, hablar de una correcta temperatura de la habitación será importante porque de esta manera eliminamos otro elemento que puede parecer básico a la hora de relajarse pero que si no se consigue, provocará tensión, lo que está en las antípodas de lo que queremos obtener.

Por supuesto, esto depende de los gustos y preferencias de cada persona, los hay más frioleros y hay quien no lleva bien el calor, por lo que la temperatura debe de situarse en un punto medio, por ejemplo, está aceptado que una temperatura que ronde los 21 grados centígrados puede ser ideal para el ser humano y de ahí puedes ir probando cuál puede ser la temperatura ideal… en definitiva, que tu pareja no tirite de frío o que no se sienta agobiada por el calor.

La iluminación será también otro componente importante a la hora de mejorar el ambiente para un masaje sensual haciéndolo más agradable, especialmente si eliges bien dónde colocar los puntos de luz y su intensidad, cosa que no es fácil, de modo que permita que se pueda ver pero que todo parezca mucho más íntimo, por tanto, nada de hacer un masaje de relax con la luz al máximo.

Controlar la iluminación tendrá algunas ventajas añadidas como es el facilitar la confianza a desnudarse en un momento de intimidad, venciendo una posible timidez de carácter o por ser la primera vez.

Como tercer elemento de la ambientación tenemos que atacar el olfato porque es uno de los sentidos más intensos. Aquí es importante conocer los gustos de tu pareja, por lo que si disfrutas de esa información, un perfume que sepas que le pueda gustar es una apuesta segura no solo para que se sienta a gusto si no para que pueda provocar algún efecto más.

Si por el contrario, no lo sabes, sé prudente porque hay a quien les gusta los tonos dulces y por el contrario a quien les encanta los cítricos. Así, si en el caso de la temperatura de la habitación o en la iluminación tenemos aspectos que son aceptables aunque no lleguen a ser los perfectos, en este caso, un aroma puede romper la sintonía inicial y es mejor que busques algo que sea neutro, agradable pero no demasiado definido ni por supuesto, intenso.

Como último elemento a la hora de preparar el ambiente, tenemos el oído, un estímulo sonoro quedará en segundo plano pero no por ello será menos importante ya que es una influencia que se produce continuamente.

Esto requiere algo más de explicación ya que si bien la temperatura de la habitación o la luz con la que las ambientado están ahí todo el tiempo, el cuerpo las considera como variables aceptables y nada más, esto es, no provocan insatisfacción o tensión pero no provocan tampoco una satisfacción continua. Incluso las sensaciones olfativas que son de las más intensas, llegan a recibir estímulos de manera continuada porque aunque resulte agradable un perfume, nos acostumbramos a su olor y pasado un tiempo se reduce el nivel de estímulo.

Pero un efecto sonoro es continuado y puede ser alterado, estamos programados para escuchar porque fue uno de los primeros sentidos que se utilizaron para la supervivencia, es más, es uno de los últimos sentidos que se desconectan cuando pierdes el sentido y el primero que vuelve cuando se recobra la consciencia.

En este aspecto se puede además jugar con varios tipos de estímulos, como es el de el agua al caer que puedes conseguir comprando una pequeña fuentecilla de agua de circuito cerrado, unos efectos grabados en tu móvil o que utilices de alguna aplicación con sonidos relajantes o música con un volumen tenue.

Si logras combinar estos recursos y los que pongas de tu parte, conseguirás no solo un lugar agradable donde ofrecer un masaje relajante, si no, además construir una especie de refugio de la relajación que convertirá un momento de relax en un momento especial.

Aceites, cremas y geles para masajes.

A la hora de realizar un masaje relajante o sensual es importante que tus manos se deslicen con facilidad y que no solo sea para ti más sencillo el hacer el masaje si no que puedas aplicar presión y trasladarla hacia donde tus manos se desplacen, por ello, otro elemento fundamental del masaje son los aceites, cremas y geles de los que puedas disponer.

En este caso, es muy importante volver a poner atención a los detalles ya que la densidad de cada una de las elecciones va a ir muy en relación con tus gustos pero sobre todo la elección del tipo de masaje porque nuevamente entremos en el farragoso mundo de los gustos y colores, que cada uno tiene el suyo.

Por ejemplo, elegir un aceite de chocolate puede gustarte mucho a ti pero puede que no a tu pareja e incluso puede tener un efecto paralelo, chocando directamente con la ambientación que has elegido para el cuarto donde os encontréis.

Os recomendamos hacer un estudio detenido porque el mundo de los aceites de masaje es muy amplio, teniendo desde la aromaterapia, a aceites esenciales, macerados, florales, con efectos relajantes y estimulantes que incluyen los de efecto frío y calor, además por supuesto de los neutros, que en caso de duda, serán los más adecuados.

Cremas, aceite o geles para un masaje, ¿qué elegir?.

Como norma general has de saber algunas diferencias que te servirán para elegir qué tipo de masaje quieres dar.

En primer lugar, los aceites, que pueden ser la elección más acertada para un masaje con un componente erótico, por tanto un masaje sensual o erótico pueden beneficiarse de la facilidad con la que harán que tus manos se deslicen por el cuerpo de tu pareja.

No has de confundir estos aceites con los aceites esenciales ya que son muy oleosos e ideales para que después del masaje se avance hacia un contacto más íntimo, siendo precisamente por esta razón desaconsejables si es un masaje relajante que no llevará a nada más porque su textura tan densa hace que para algunas personas sea incómodo al vestirse.

Las cremas tienen ventajas a la hora de ofrecer beneficios paralelos, como su capacidad para ser absorbidas junto a aditivos como vitaminas, karité o queratina a la vez que incluyan capacidad para hidratar la piel.

Si bien, después del masaje son más fáciles de limpiar, pueden provocar una sensación de frío que no tiene el aceite al ser aplicadas.

En resumen, si quieres dar un masaje en el que tus manos se deslicen con facilidad y que otorgue una sensación placentera, los aceites son una buena opción, mientras que si quieres añadir algún componente como la hidratación, las cremas serán la elección.

Fuera de esta clasificación podríamos incluir los aceites esenciales que siendo un aceite, su composición es a partir de plantas que tengan algún tipo de beneficio terapéutico como puede ser el romero para los problemas musculares y que también son una opción pero en algunos casos, su intenso aroma puede ser adecuado para una relajación pero no tanto para una aproximación íntima.

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